Estados Unidos incautó dos petroleros vinculados a Venezuela en el Atlántico, como parte de la estrategia para frenar flujos de crudo sancionado en América.
Uno de los buques había cambiado a bandera rusa tras negarse a una inspección previa y fue interceptado luego de una persecución de varias semanas.
La operación ocurrió en un contexto de presencia naval rusa en la zona, lo que incrementó el riesgo de fricción con Moscú.
Washington anticipó que continuará con estas incautaciones, mientras que Rusia exigió un trato digno para la tripulación del petrolero.



