Los recientes resultados de la prueba PISA confirmaron el deterioro del sistema educativo mexicano, que se ubicó entre los peores de la OCDE.
Académicos señalan que el problema es estructural: Arranca en la educación básica y se acentúa en secundaria y bachillerato, donde muchos jóvenes llegan sin habilidades sólidas de lectura, escritura y matemáticas.
La pandemia agravó la brecha al trasladar el aprendizaje a entornos digitales que fragmentaron la atención y afectaron la comprensión lectora.
Docentes advierten que los estudiantes tienen dificultades para redactar textos coherentes y para concentrarse, mientras que el uso excesivo del celular desplazó hábitos de lectura.
Las reformas educativas y la falta de evaluaciones consistentes también han limitado el diagnóstico real del aprendizaje.
Aunque Jalisco mostró avances respecto al promedio nacional, el rezago persiste.
Expertos coinciden en que fortalecer la formación docente, recuperar la disciplina pedagógica y fomentar la participación familiar será clave para revertir la tendencia.




